Eran los primeros días del 2008, la resaca desvanecía con total naturalidad, pero dejó en mi cabeza la idea de hacer un viaje. Un arduo año “académico” y emocional se había ido y, pues necesitaba descansar, irme de la ciudad y divertirme un poco.
Enrumbo en un ómnibus, y tres horas más tarde llego a mi destino, la ciudad de Trujillo. Aunque lo primeros días de mis estadía fueron comunes, ya saben... jugar futbol y enterarme de alguno que otro chismecillo (Mi primo terminó con la novia).
Luego de un par días noté un ligero cambio de actitud en mi primo, pues soltero de nuevo quería recuperar todo “el tiempo perdido”, e invitaba a diario a sus amigos para embriagarse un poco y abrirse nuevos horizontes probablemente sexuales.
Llegó la noche y todos nos veíamos en la sala; tres amigos y tres amigas de mi primo dueño de casa, dos primos más y su humilde narrador (A quien le fue muy difícil estar, pues andaba enviciado con Resident Evil 4). Luego de un par de horas reunidos, y luego también de algunas mentirillas mías para amenizar la noche (Inventé un hijo, una esposa), noto la mirada penetrante de una de las chicas, y aunque no le presté atención al principio, al final...sí (Aunque poco me importaba). Después de muchos tragos y una que otra acción inexorable producto del licor; ella se acerca a confesarme su fanatismo por Radiohead.
Al rato, la conversación se hizo algo extraña, pero divertida (Sólo recuerdo que lo era). Y luego de más acciones inexorables pero sorprendentes, todos se fueron, ella también.
Recuerdo haber escrito que las fiestas eran constantes, pues lo eran. Al día siguiente mi primo armó otra; en donde no participé, no me animé a bajar y preferí quedarme en la computadora chateando. Y mientras abajo era alborotado, yo chateaba tranquilamente, aunque podía sentir que los “invitados” entraban y salían del baño (Baño ubicado en el piso donde me escondía). Y pude fijarme que la chica que un día anterior me confesó su fanatismo, era la más frecuente visitante. En uno de mis tanto reojos, pude ver como ella se acercaba a mí, con pasos tan silenciosos como los rezos que daba en mi mente porque no viniera. Entonces llegó y me contó que se iría a vivir a Lima, y que si podía darle mi mail o número telefónico; Por educación lo hice, prometiéndome que jamás entablaría ninguna relación profunda con ella, por convicción a que la lejanía no es saludable para relaciones profundas, pero más por el hecho que no me llamaba la atención (Ya saben…”ni cagando con ella”).
Pasaron los días y los meses, y poco a poco me pude dar cuenta de lo genial que era ésta, la chica atrevida. Las conversaciones superficiales se convirtieron de pronto en carne y hueso. Pude percibir su presencia, pude sentir de cerca el latir de su cerebro al escupir tanta idea agradable y finalmente pude darme cuenta que todo era una ilusión. No el hecho que ella fuese genial, sino el hecho de no poder entablar un vínculo real (Aunque me negué a aceptarlo).
Luego pensando bien las cosas llegué a que esto no podía seguir, entonces, me prometí y le prometí que no haría nada para seguir con el vínculo. Pero a los días “volvimos”… No sé por qué…aburrimiento, dependencia, la extrañaba, me extrañaba…no lo sé. Eso duró un poco más, ya saben, “la ilusión”, “la esperanza”.
Ya teníamos dos años con esto, nos vimos no más de diez veces, la pasamos bien unas mil setecientas, y la última vez que nos encontramos aunque fue un día muy genial, con muy gratos recuerdos, al despedirme, me juré y le juré que ésta había sido la última vez.
Han pasado meses, hemos perdido contacto, pero me late que ella ya dejó de apuntar su genialidad hacía a mí, y que ahora apunta a un vínculo más real y profundo.
Enrumbo en un ómnibus, y tres horas más tarde llego a mi destino, la ciudad de Trujillo. Aunque lo primeros días de mis estadía fueron comunes, ya saben... jugar futbol y enterarme de alguno que otro chismecillo (Mi primo terminó con la novia).
Luego de un par días noté un ligero cambio de actitud en mi primo, pues soltero de nuevo quería recuperar todo “el tiempo perdido”, e invitaba a diario a sus amigos para embriagarse un poco y abrirse nuevos horizontes probablemente sexuales.
Llegó la noche y todos nos veíamos en la sala; tres amigos y tres amigas de mi primo dueño de casa, dos primos más y su humilde narrador (A quien le fue muy difícil estar, pues andaba enviciado con Resident Evil 4). Luego de un par de horas reunidos, y luego también de algunas mentirillas mías para amenizar la noche (Inventé un hijo, una esposa), noto la mirada penetrante de una de las chicas, y aunque no le presté atención al principio, al final...sí (Aunque poco me importaba). Después de muchos tragos y una que otra acción inexorable producto del licor; ella se acerca a confesarme su fanatismo por Radiohead.
Al rato, la conversación se hizo algo extraña, pero divertida (Sólo recuerdo que lo era). Y luego de más acciones inexorables pero sorprendentes, todos se fueron, ella también.
Recuerdo haber escrito que las fiestas eran constantes, pues lo eran. Al día siguiente mi primo armó otra; en donde no participé, no me animé a bajar y preferí quedarme en la computadora chateando. Y mientras abajo era alborotado, yo chateaba tranquilamente, aunque podía sentir que los “invitados” entraban y salían del baño (Baño ubicado en el piso donde me escondía). Y pude fijarme que la chica que un día anterior me confesó su fanatismo, era la más frecuente visitante. En uno de mis tanto reojos, pude ver como ella se acercaba a mí, con pasos tan silenciosos como los rezos que daba en mi mente porque no viniera. Entonces llegó y me contó que se iría a vivir a Lima, y que si podía darle mi mail o número telefónico; Por educación lo hice, prometiéndome que jamás entablaría ninguna relación profunda con ella, por convicción a que la lejanía no es saludable para relaciones profundas, pero más por el hecho que no me llamaba la atención (Ya saben…”ni cagando con ella”).
Pasaron los días y los meses, y poco a poco me pude dar cuenta de lo genial que era ésta, la chica atrevida. Las conversaciones superficiales se convirtieron de pronto en carne y hueso. Pude percibir su presencia, pude sentir de cerca el latir de su cerebro al escupir tanta idea agradable y finalmente pude darme cuenta que todo era una ilusión. No el hecho que ella fuese genial, sino el hecho de no poder entablar un vínculo real (Aunque me negué a aceptarlo).
Luego pensando bien las cosas llegué a que esto no podía seguir, entonces, me prometí y le prometí que no haría nada para seguir con el vínculo. Pero a los días “volvimos”… No sé por qué…aburrimiento, dependencia, la extrañaba, me extrañaba…no lo sé. Eso duró un poco más, ya saben, “la ilusión”, “la esperanza”.
Ya teníamos dos años con esto, nos vimos no más de diez veces, la pasamos bien unas mil setecientas, y la última vez que nos encontramos aunque fue un día muy genial, con muy gratos recuerdos, al despedirme, me juré y le juré que ésta había sido la última vez.
Han pasado meses, hemos perdido contacto, pero me late que ella ya dejó de apuntar su genialidad hacía a mí, y que ahora apunta a un vínculo más real y profundo.
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