lunes, 22 de febrero de 2010

HAGO COSAS INVALUABLES, POR ESO SOY POBRE.

Era otro detestable domingo, pues detestable porque no hay peor combinación que el sol, domingo y gente. Por eso, y no sólo por eso, termino en casa todo el día haciendo tonteras. Aquel domingo me tocaba tontear con la plastilina, admito no ser muy bueno (Nunca admito lo contrario) con eso de armar personajes, pero le pongo ganas, entusiasmo, delicadeza, emoción, y muchas cosas más, que dan como resultado un muñequito muy agradable, pero muy lejano a lo que al principio imaginé.
Ya tenía mi obrita maestra, tirada en la cama, lista y mirándome fijamente, hasta que la oí decir…no soy tuyo, pero me quedaré contigo. Esos minutos de alucinación producto de mi ociosidad, me hizo reflexionar respecto al destino de mi muñequillo.
Me nació el sentimiento de hacerlo, como de igual manera me nacieron las ganas de poder obsequiarlo. Sabía que entregarlo, significaba ir a una intermediaria.
Pasaban los días, y crecía mi entusiasmo de entregar aquel personaje. A veces pensaba en lo genial que sería fotografiar al dueño, con mi creación, además de dibujar en una hoja ambientes de fondo, y tomar al personajillo como modelo.
Ya habían pasado unos cuantos meses, y cada día pasado, le había entregado valor a mi creación, valor que se fue a la misma mierda cuando me enteré por medio de la intermediaria, que otra representación, mucho mejor fabricada, con un precio definido y real, mucho más comercial y con una expectativa más comprensible, había llegado al mundo de la persona destinada a ser dueña de mi plastilina y de inmediato fueron opacados mis deseos de entregarlo.
Llegué a casa, tome al muñequito lo miré y le dije; tenías razón, no te vas, por eso soy pobre. (Ni yo daría un sol por lo que hago)

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