Mi menor,
La mayor,
Re mayor, Si menor,
Mi menor,
La mayor,
La menor, Re mayor…
Coro: If I give my heart to youuu…
Desde pequeño, sentí la grata compañía de la música; por un lado la antigüedad y los admirables movimientos de los brazos de mi abuelo, por otro lado el seductor e inamovible pedazo de madera en forma de violín de mi otro abuelo. Además del fanatismo Beatlediano de mi papá, y los gustos rocanroleros de mi padrino. Como olvidar los intermitentes gustos musicales de mi hermano, las mixturas vanguardistas de mis hermanas y una que otra curiosidad mía.
La exploración musical se convirtió en un profundo vínculo auditivo, que logró, y logra, trastornar mi aleación con la realidad, llevándome a territorios…netamente cerebrales.
Un gran depresivo, porque es difícil no relacionar momentos con una canción; Un gran calmante, porque lleva a especular la realidad a tu modo. Una necesidad aprobada por mi alma. Un talento creativo que se limita a la pasividad del placer únicamente auditivo.
Escuchar enormes presencias musicales, como las de Hendrix, Townsend, Barrett, Beethoveen, Harrison; han logrado mi plena admiración (La cual no significa mucho allá afuera), pero también una exagerada intimidación a mis ganas de alguna vez poder ejecutar.
No desconozco la sensación de tocar algo, y admito que no lo hacia mal, pero el golpe idiota que dice: “No lo lograrás”, destruye todo tipo de motivación.
La música se ha convertido en parte de mi cuerpo, exactamente de mi oído. Pero por miedo, no me atrevo a expandirla.
La mayor,
Re mayor, Si menor,
Mi menor,
La mayor,
La menor, Re mayor…
Coro: If I give my heart to youuu…
Desde pequeño, sentí la grata compañía de la música; por un lado la antigüedad y los admirables movimientos de los brazos de mi abuelo, por otro lado el seductor e inamovible pedazo de madera en forma de violín de mi otro abuelo. Además del fanatismo Beatlediano de mi papá, y los gustos rocanroleros de mi padrino. Como olvidar los intermitentes gustos musicales de mi hermano, las mixturas vanguardistas de mis hermanas y una que otra curiosidad mía.
La exploración musical se convirtió en un profundo vínculo auditivo, que logró, y logra, trastornar mi aleación con la realidad, llevándome a territorios…netamente cerebrales.
Un gran depresivo, porque es difícil no relacionar momentos con una canción; Un gran calmante, porque lleva a especular la realidad a tu modo. Una necesidad aprobada por mi alma. Un talento creativo que se limita a la pasividad del placer únicamente auditivo.
Escuchar enormes presencias musicales, como las de Hendrix, Townsend, Barrett, Beethoveen, Harrison; han logrado mi plena admiración (La cual no significa mucho allá afuera), pero también una exagerada intimidación a mis ganas de alguna vez poder ejecutar.
No desconozco la sensación de tocar algo, y admito que no lo hacia mal, pero el golpe idiota que dice: “No lo lograrás”, destruye todo tipo de motivación.
La música se ha convertido en parte de mi cuerpo, exactamente de mi oído. Pero por miedo, no me atrevo a expandirla.

No hay comentarios:
Publicar un comentario