domingo, 14 de febrero de 2010

DOY BUENOS CONSEJOS, POR ESO ME QUEDO SIN NADA.

(Probablemente es lo más irracional que haya escrito)
La historia de Lucifer, es una de las más asombrosas que he oído. Un ente, con la belleza color celeste, con las virtudes respectivas, con la importancia merecida, con todas las ventajas de ser un ángel de Dios. Lucifer tan cerca de la divinidad, tan conocedor de la gracia de Dios y de su magnificencia. Lucifer, ente que experimentó el mundo del bien, perteneció a él, y se sublevó.
Lucifer, lanzado desde lo más alto y caído hasta lo más recóndito. Un ente, con la belleza color negra, con los defectos respectivos, con la insignificancia merecida, con todas las desventajas de ser un ángel de nadie. Lucifer tan cerca del horror, tan conocedor del desprecio de Dios y de su intolerancia. Lucifer, ente que experimentó el mundo del mal, pertenece a él, y es lo que es.
Si alguien me tiene que decir lo que solo está bien, es Dios. Si alguien me tiene que decir lo que solo está mal es Lucifer. Pero el único que puede distinguir la diferencia, es éste último.
Probablemente es hereje lo que cuente, o no. Quizás Dios esté enojado conmigo, quizás Lucifer sonría. De lo que sí estoy seguro, es que ésta historia te contaría, y claro, pediría que reflexiones sobre ella. Tal vez captes la moraleja, y saques algo positivo y te quedes con ella un buen tiempo, mientras me regocijo en tu efímero “gracias”.
Tengo la seguridad de darle a mis consejos, cuotas de claridad, sinceridad, justicia, maldad, cariño, contradicción y cualquier tipo de elemento necesario para que éste sea más que bueno, adecuado. Por eso mi mejor consejo es: “Piensa antes de pedir uno”.



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