El destino tiene una extraña forma de marcar nuestra vida, por más que uno empecine en evitar muchas cosas, éstas terminan por suceder, por mi culpa, por tu culpa, por la gran culpa de los otros y siempre por la mía.
Aunque el ambiente se presente complicado, ya sea con cuestionarios caducos, cansancios perpetuos, adjetivos reveladores, sueños pasados y pesadillas presentes, e infinidad de cosas, nunca somos capaces de aceptar el hecho de por sí, resulta complicado, porque somos complejos, realmente un tallarín de emociones, con dudas en el amar, e incluso hasta en el no amar o no saber amar, que es lo mismo, como dijeron una medianoche.
Mantener la fidelidad a nuestras decisiones, sentimientos, y a veces nuestros razonamientos, no es garantía de nada. Digamos que por más que estuviéramos convencidos de no apretar el gatillo, siempre seguiríamos un proceso engorroso para demostrar que nunca lo hicimos. No lo sé.
La vida no es paz, porque nunca comienza, y tampoco guerra, porque nunca termina. La vida es vida…¿acaso es difícil entenderlo?.
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