martes, 9 de julio de 2013

27

Presionarme los ojos fuerte, hasta sentirlos inundados, adoloridos y renovados. Despertar mareado por los destellos proyectados en el interior de mis párpados, son mi única felicidad, mi única compañía. Amanecer es el segundo momento más feliz de mi día,  las siguientes horas son una pesadilla.
El café ha perdido magia, así como los rezos y los cigarrillos, el resto de soluciones me perturban y la esperanza por encontrar sentido y humor me da náuseas. Ya no espero nada de nadie y, como siempre, nadie espera nada de mí.
Abandoné mi pasión para prostituir mi tiempo en un empleo de medio pelo desde las nueve de la mañana hasta las siete de la noche.  Me la paso llamando clientes que nunca lo fueron ni lo serán, pero quienes son mi único contacto humano. Además de nati,  claro.
Siempre vamos por un café luego del trabajo donde tenemos charlas realmente tensas. Ella es guapa e inteligente, pero lo que más me agrada es que siempre me hace leña, ridiculiza mis estados y pensamientos, y cada vez que puedo lo hago también. Siempre dejando algo qué pensar.
Aquella noche yo sostenía la idea de que el amor era una farsa, un pretexto para justificar nuestra debilidad, compensar necesidades emocionales y físicas. Que la compañía eterna e ideal sólo era una estúpida ilusión, porque la complejidad y egoísmo de las personas no lo iban a permitir.
Ella colérica y exaltada decía que yo no era el indicado para opinar, que estaba lejos de conocer el amor, en cambio ella, en su experiencia, sabía lo que eso significaba, y aunque no lo podía definir con palabras, sí me garantizaba que era algo por lo que vale la pena vivir. 
Irónico, le respondí que la ausencia de una definición sólo confirmaba la ilusión. La tonta burbuja, de la pérdida de la realidad a la que nos somete. Y el que sea motivo para vivir era sólo un consuelo para la insufrible vida.
Estallando, me dijo que era un imbécil frustrado –lo escuché muchas veces, pero de los labios de nati las sentí nuevas- El amor es una sensación maravillosa, que se distingue por sobre el resto de relaciones, que con comunicación y confianza puedes sentirte en la gloria. Luego de una risa entre mis dientes le dije que comunicación y confianza es también un “ya no te quiero”, y entonces se acabaría la gloria que mencionó.
Ella más tranquila acertó diciendo que sí, yo tenía razón, que la comunicación y confianza no bastaban, que eso sólo significaba lo básico en una relación pero que existía algo que fácilmente podría definir al amor, y eso era la complicidad.
Es más que la confianza y la comunicación, es cuando esa persona siente tus deseos como suyos y viceversa. Es que uno diga lo genial que sería cenar en el techo de la casa, y el otro se emocione también. Que uno diga lo maravilloso que sería hacer el amor debajo de la cama y el otro lo desee con el mismo entusiasmo. Que el logro de uno sea motivo para celebrar del otro, eso es la complicidad, eso es el amor. Concluyó nati.
Más tarde, cerca de su casa le dije que nos habíamos pasado toda la noche tratando de definir el amor, y lo único que había concluido era que el único amor eterno era el imposible. Si bien ella podía estar acertada con eso de la complicidad, no iba a cambiar la realidad de estar lejos del amor y, para colmo, tomando un café durante horas con el ser más despreciable y patético del mundo. Ella dentro y casi cerrando la puerta respondió con gracia: “Sí, es verdad, ochenta tazas de café y nada”
Ya en mi casa luego de masticar la reveladora conversación con nati -y de practicar la cara perfecta que debo poner mañana al verla en el trabajo- Como es costumbre, me hallaba tirado y con piyama dispuesto a juguetear con mis almohadas hasta conseguir plácido relajamiento. Para después presionar mis ojos hasta inundarlos, y entregarme enteramente al descanso. Dormir es el momento más feliz de mi día, las siguientes horas son un sueño.



lunes, 20 de mayo de 2013

Brindis


He sido un saco de errores y mi humildad me hace reconocerlo, pero mi soberbia la hizo tardía, sin embargo, nunca me hago problema para reconocer que estoy equivocado. Sí, lo estoy, y si a eso le sumamos confusión en un contexto nuevo para mí, el resultado es éste, es lo que ven, lo que no ven y lo que han visto.
Pero basta, ha sido suficiente para darme cuenta que toda mi vida pende de un hilo, y que el destino en forma de tijera me lo puede arrebatar sin esfuerzo, y quedarme al final junto con mi piel, con mi sangre y con mis miles de sueños que cada día son más borrosos.
No es un post depresivo, es uno de despertar, de ése necesario como las cachetadas que te pone la vida, y que todos hemos probado alguna vez. Es la cuarta en mi vida, quizá no la más fuerte, pero sí la más trascendental.
Hoy me debo un brindis a mí, uno atrasado por días, semanas, y por qué no, años. Uno que comienza a verme como el hombre que quiero ser, ése que inició su cambio a los veintiuno, pero que exageró y tergiversó el concepto.
Hoy planeo metas, como la de acabar con mi personalidad exigente, de tomar lo que viene como algo bueno, y que será mejor si le pones empeño, criterio y mucha pasión. Hoy quiero conseguir un trabajo como dé lugar, uno que quizá no pague mucho, pero que con tiempo acumule experiencia y dinero, y que me haga cumplir una de mis metas de niño. Tener un automóvil.
Hoy me debo una novela, que terminaré asfixiado, y con un buen final, porque ya no les temo, y no sé cómo, la publicaré, aunque sea un fiasco, pero quiero sentirme escritor por un mísero día, me lo debo desde niño.
Hoy quiero recuperar personas, que de manera injusta alejé de mi vida, aunque la verdad no han perdido mucho, sé que yo sí. Porque ahora entiendo que no importa lo que ellos sean por ti, sino lo que tú eres por ellos.
Hoy debo las más poderosas disculpas que he dado en mi vida, por no ser quien podía, quería y debía ser, hoy te debo mil disculpas por permitir que te sientas sola.
Hoy tengo que incendiar unas cuantas metas, y hacer de sus cenizas arte. Y dejar que cumplan su destino, en ése que ya no podré ser parte, pero que siempre admiraré en la distancia, y si Dios es grande, pueda rozarlo algún día.
Hoy le quiero obsequiar al mundo mi existencia, mi pasión, inteligencia y mi amor, por estar vivo y vivir, porque soy tan loco que si me cierran la puerta entraré por el techo, siendo alguien mejor, pero siempre yo.


lunes, 4 de marzo de 2013

“INEVITABLE” el ego


“A”: Me he peleado con “B”
“C”: Y yo también con “D”. Es el problema de cuando uno quiere más que el otro.
“A”: Es muy cierto.
“C”: Claro, yo quiero más a “D” de lo que él a mí.
“A”: Y me pasa lo mismo, yo quiero más a “B” de lo que ella a mí.
“C”: ¡Todo se va a la mierda cuando uno empieza a querer más!
“A”: Es la verdad, y es más complejo aún porque tanto “B” como “D” piensan también,  que nos quieren más de lo que nosotros a ellos.

martes, 26 de febrero de 2013

"Tonterías"


La notable capacidad de las personas de cargar furias y resentimientos, o alegrías y gratitudes inexistentes o prescritas, revela la aprehensión irracional hacía lo miserable. Quizá porque es la única forma de marcar distancia con lo horrible.
Probablemente la visión pesimista de Alvy Singer no baste para algunos que encuentran en la originalidad, o naturalidad una vía de escape a una mejor visión de la vida, o una sensación más grata de la misma.
Veo que la naturalidad y originalidad son recursos admirables e intrigantes, pero no creo que se aparten totalmente de la visión pesimista, sobre todo cuando se pretende definir a éstas como algo que nunca se haría, relegando lo que se hace a segundo plano.
No sé si soy original o natural, pero afirmo ser especial (no como virtud). Si bien no tengo idea de qué tipo de especialidad poseo, las cosas que hice, hago y haré  -por más bondadosas que sean, y que a la vez genere orgullo en los demás- al final siempre me han hecho sentir miserable y feliz.
Ser quien uno es, o no, no es garantía de nada. Siempre estaremos merodeando dentro de lo miserable, lo cual resulta gratificante si la otra opción es merodear en lo horrible. Y eso va directo al punto de la existencia…yo qué sé.


martes, 29 de enero de 2013

Enero


Lo difícil que es responder algunas preguntas, como ésa de indicar tus virtudes y defectos. Y es difícil porque la gran mayoría se somete a la humildad o soberbia, o quizá al temor o el desconocimiento de elevar atribuciones naturales a un nivel más prodigioso o degradante.
Y es que no existe la capacidad suficiente para distinguir una acción humana y la virtud. La acción humana se basa en su simpleza, en su facultad de ser positiva o negativa dentro de un límite.
Porque al igual que la virtud, la acción humana implica el placer de hacer algo por alguien, siempre respetando el propio límite, que tan humanos nos hace.
A diferencia de la virtud, que no sólo es el placer de hacer algo por alguien, sino también (Lo que le da ese toque especial), el placer de sacrificar algo propio por alguien, que nos lleva incluso, en ocasiones, a escaparnos del límite.
Y a pesar de esta breve explicación, o mejor dicho, pobre punto de vista, creo que aún así responder esa pregunta no deja ni dejará de ser complicada. Pero creo que con honestidad y algo de brutalidad, nos podría acercar.