He sido un saco de errores y mi
humildad me hace reconocerlo, pero mi soberbia la hizo tardía, sin embargo,
nunca me hago problema para reconocer que estoy equivocado. Sí, lo estoy, y si
a eso le sumamos confusión en un contexto nuevo para mí, el resultado es éste,
es lo que ven, lo que no ven y lo que han visto.
Pero basta, ha sido suficiente
para darme cuenta que toda mi vida pende de un hilo, y que el destino en forma
de tijera me lo puede arrebatar sin esfuerzo, y quedarme al final junto con mi
piel, con mi sangre y con mis miles de sueños que cada día son más borrosos.
No es un post depresivo, es uno
de despertar, de ése necesario como las cachetadas que te pone la vida, y que todos
hemos probado alguna vez. Es la cuarta en mi vida, quizá no la más fuerte, pero
sí la más trascendental.
Hoy me debo un brindis a mí, uno
atrasado por días, semanas, y por qué no, años. Uno que comienza a verme como
el hombre que quiero ser, ése que inició su cambio a los veintiuno, pero que
exageró y tergiversó el concepto.
Hoy planeo metas, como la de
acabar con mi personalidad exigente, de tomar lo que viene como algo bueno, y
que será mejor si le pones empeño, criterio y mucha pasión. Hoy quiero
conseguir un trabajo como dé lugar, uno que quizá no pague mucho, pero que
con tiempo acumule experiencia y dinero, y que me haga cumplir una de mis metas
de niño. Tener un automóvil.
Hoy me debo una novela, que
terminaré asfixiado, y con un buen final, porque ya no les temo, y no sé cómo, la
publicaré, aunque sea un fiasco, pero quiero sentirme escritor por un mísero
día, me lo debo desde niño.
Hoy quiero recuperar personas,
que de manera injusta alejé de mi vida, aunque la verdad no han perdido mucho,
sé que yo sí. Porque ahora entiendo que no importa lo que ellos sean por ti,
sino lo que tú eres por ellos.
Hoy debo las más poderosas disculpas que he dado en mi vida, por no ser quien podía, quería y debía ser, hoy te debo mil disculpas por permitir que te sientas sola.
Hoy debo las más poderosas disculpas que he dado en mi vida, por no ser quien podía, quería y debía ser, hoy te debo mil disculpas por permitir que te sientas sola.
Hoy tengo que incendiar unas
cuantas metas, y hacer de sus cenizas arte. Y dejar que cumplan su destino, en ése
que ya no podré ser parte, pero que siempre admiraré en la distancia, y si Dios
es grande, pueda rozarlo algún día.
Hoy le quiero obsequiar al mundo
mi existencia, mi pasión, inteligencia y mi amor, por estar vivo y vivir,
porque soy tan loco que si me cierran la puerta entraré por el techo, siendo alguien mejor, pero siempre yo.
