Como individuo despierto me acato a lo que me propone el mundo, cuando me golpea me… sobo, cuando me hace coquillas… río, no queda de otra, vivo lo que él quiere, cuando lo quiere, bajo todas sus condiciones. Pero como individuo que sueña, me tomo mi revancha.
Soñar es el único momento en el cual el mundo depende de nosotros. Le proponemos lo que nos provoca, le implantamos nuestras condiciones, explotamos nuestra ambición…porque cuando estamos contentos…dormidos somos felices, porque cuando tenemos miedo… dormidos nos aterrorizamos. Dormidos hacemos las cosas que se nos antojan, y lo que no podemos decir nunca… en los sueños lo gritamos.
Uno puede ser más feliz de lo que es, o más poderoso de lo que nunca fue. Las cosas, acciones o sensaciones imposibles, improbables y lejanas se convierten en realidad, porque los sueños también son reales, y porque ese mundo es totalmente tuyo y todas las cosas y personas también.
Matar sin ir a la cárcel, hablar sin discutir, hacer sin ser impedido… es tan grande la posesión que no cabe en uno mimo, y hasta perdemos el control. Todo, pero todo es superado por intensidad, necesidad y ambición.
Cuando soñamos el mundo se olvida de ti, y no puedes negar que tú te olvidas de él. Es una sensación increíble, tan increíble que al despertar te sientes miserable, limitado, frustrado. Maldices la realidad por no ser tan genial como la soñaste, y aunque seas el hombre más feliz sobre la faz de la tierra…sientes nostalgia al ver que el mundo despierto ya no depende de ti…que esa felicidad puede ser quebrantable.
Nuevamente lo eterno vuelve a ser efímero, lo predecible a ser aburrido, y lo impredecible más humano que nunca. Lo intenso baja su nivel, la ambición se esconde entre preguntas, esperas y respuestas. Tu suerte vuelve a estar echada y tú no la puedes levantar. Y el sumo cuidado a tus acciones y palabras tienen aleatorias repercusiones y solo tratas de ocultarte y tener cuidado.
Cuando escribo he de soñar, digo lo que quiero y hago lo que me provoca y tanta es la sensación que al terminar de escribir me encuentro en completa satisfacción física y mental. Llego a pensar que escribo para dejar de ser alguien…y dejar de ser yo, después que escribo siento: que LO DIJE, que LO HICE. Y cuando salgo al mundo ya despierto, voy contento sobre él, aliviado, sin ganas de decir ni hacer lo que ya dije… lo que ya hice. Y tengo fuerzas para invertir en lo que me importa, amo y necesita de mí.
Somos inevitables el mundo y yo porque nunca tendría sueños que anhelar si el mundo fuera perfecto para mí, y me ahogaría en el conformismo de no cumplir nada. Porque el mundo se aburriría de ser lo que es si yo dejara de soñarlo, y se ahogaría en la depresión de no querer nada él.
Soñar es el único momento en el cual el mundo depende de nosotros. Le proponemos lo que nos provoca, le implantamos nuestras condiciones, explotamos nuestra ambición…porque cuando estamos contentos…dormidos somos felices, porque cuando tenemos miedo… dormidos nos aterrorizamos. Dormidos hacemos las cosas que se nos antojan, y lo que no podemos decir nunca… en los sueños lo gritamos.
Uno puede ser más feliz de lo que es, o más poderoso de lo que nunca fue. Las cosas, acciones o sensaciones imposibles, improbables y lejanas se convierten en realidad, porque los sueños también son reales, y porque ese mundo es totalmente tuyo y todas las cosas y personas también.
Matar sin ir a la cárcel, hablar sin discutir, hacer sin ser impedido… es tan grande la posesión que no cabe en uno mimo, y hasta perdemos el control. Todo, pero todo es superado por intensidad, necesidad y ambición.
Cuando soñamos el mundo se olvida de ti, y no puedes negar que tú te olvidas de él. Es una sensación increíble, tan increíble que al despertar te sientes miserable, limitado, frustrado. Maldices la realidad por no ser tan genial como la soñaste, y aunque seas el hombre más feliz sobre la faz de la tierra…sientes nostalgia al ver que el mundo despierto ya no depende de ti…que esa felicidad puede ser quebrantable.
Nuevamente lo eterno vuelve a ser efímero, lo predecible a ser aburrido, y lo impredecible más humano que nunca. Lo intenso baja su nivel, la ambición se esconde entre preguntas, esperas y respuestas. Tu suerte vuelve a estar echada y tú no la puedes levantar. Y el sumo cuidado a tus acciones y palabras tienen aleatorias repercusiones y solo tratas de ocultarte y tener cuidado.
Cuando escribo he de soñar, digo lo que quiero y hago lo que me provoca y tanta es la sensación que al terminar de escribir me encuentro en completa satisfacción física y mental. Llego a pensar que escribo para dejar de ser alguien…y dejar de ser yo, después que escribo siento: que LO DIJE, que LO HICE. Y cuando salgo al mundo ya despierto, voy contento sobre él, aliviado, sin ganas de decir ni hacer lo que ya dije… lo que ya hice. Y tengo fuerzas para invertir en lo que me importa, amo y necesita de mí.
Somos inevitables el mundo y yo porque nunca tendría sueños que anhelar si el mundo fuera perfecto para mí, y me ahogaría en el conformismo de no cumplir nada. Porque el mundo se aburriría de ser lo que es si yo dejara de soñarlo, y se ahogaría en la depresión de no querer nada él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario