jueves, 23 de agosto de 2012

"YO"


No sé cómo empezó todo, pero para mí fue a los cinco años. Como algunos saben, esa edad fue el punto de partida en mi vida. Abrí los ojos en una camilla de hospital, pues había sido atropellado por una camioneta(Los detalles los contaré en otro post).
Desde mi vida vista por mí no sabía quién era yo – Dudo que alguien lo sepa a los cinco, y menos atropellado- pero sí sabía cómo me llamaban. “Chino”, las razones las conozco, pero siempre me fueron ilógicas, insuficientes, aceptables. Fui llamado así por todos los que no integraban el entorno escolar. Chino esto, chino lo otro…chino y tanto chino que me chocó enterarme que mi verdadero nombre era otro, pero eso viene después.
En la escuela primaria ya era un niño bastante extraño, no disponía de muchos amigos ni de grupos definidos, siempre fueron efímeros, inestables y sobre todo intrascendentes. Aun así no me salvé de los obligatorios apodos, que iniciaron señalando mi despigmentación como también mi estructura física, para encontrar una aleación de factores que produjo  el sobrenombre de mi primaria: “Vaca asustada”.
Pasar a la secundaria significaba cambios en mi vida, ya no debía ser el pequeño niño extraño apodado vaca, ahora debía ser alguien más intrépido. En el primer año alguien me quiso plantar un apodo por escapar del mismo, quiero decir, él sabía que tarde o temprano alguien se daría cuenta que él merece el apodo que me dio. Y eso pasó, el apodo que me puso no tuvo la magnitud que él pensó, y se fue perdiendo conforme mi personalidad iba resaltando una característica puntual. Fui llamado “Loco”.
No sé qué nos pasa a todos, pero cuando dejamos la escuela y pasamos a la etapa preuniversitaria, todos queremos pintar de personas formales, de gente seria, y nos esforzamos al máximo en demostrar eso con el deseo determinante de ingresar y además con el trato a las personas llamándolas por su nombre.
Yo recuerdo a la gran mayoría de personas, con las que estuve en la escuela, por sus apodos o algún apellido, pero mentiría si recordara el primer nombre de alguno, honestamente, fue despreocupación aprenderlo, y desconocimiento recordarlo. Y sé que no soy el único a quien le pasó.
Entré al mundillo preuniversitario sorprendido al ver que todos en vez de buscarme un apodo se esforzaban en llamarme “Jorge”. Sorprendido porque nunca nadie me llamó así en un ámbito cotidiano o natural. Incluso en mis pensamientos cuando tenía que referirme a mí, nunca era por “Jorge”, me llamaba “Chino”.
Ya con el tiempo en otros ambientes muchos de esos apodos se iban combinando, no existía un solo llamado para mí, existían muchos y repetidos y diferentes, contados y constantes, pero nunca uno solo, probablemente sea Chino el más frecuente, pero la diferencia con Jorge no es mucha, y además con otro relativamente novedoso y particular que cada día se consolida en el Olimpo de mis llamados (“Novi”)
A lo largo de este tiempo podría pensar que cada uno significó algo en determinado momento de mi vida, más como un factor descriptivo superficial que sentencioso y profundo. Pero más allá de las letras, significados y valoraciones que cada uno de los apodos tienen, soy consciente que nunca fui totalmente uno. Por más que ninguno guarde relación entre sí, acepto que nunca fui Jorge, vaca, chino, Jor63, jorsensentaytres o etc. Nunca me importó cómo me llamaran, porque siempre fui yo.