Una lechuza me dio el primer
saludo de cumpleaños, y mientras intentaba atribuirle alguna teoría mística para sentirme especial, me di con la realidad
de que debía reflexionar sobre mis bodas de plata de mi forzado matrimonio con
la vida.
Quieto y expectante he pasado un
matrimonio como la mayoría: con problemas, facilidades, compromisos,
irresponsabilidades, sensibilidades y crueldades de mi parte o de la otra, con
miles de anécdotas donde la gran mayoría son risibles.
Ha sido mi cumpleaños y como
siempre la estupidez se apodera de mí, la inevitable ausencia de palabras y
acciones que expresen lo que realmente quiero y siento aparece para dominarme, y sí acepto ser importante para algunas personas, pero no creo merecer más
que un compartir momentos conmigo el resto del año, el soportarme día a día es la
mayor retribución que puedo recibir y merecer.
Tengo miedo, porque las
circunstancias me pueden negar algunas cosas, me puede ilusionar y luego de una
cachetada demostrarme que pido de más, por eso me someto a la realidad con
tranquilidad, relajamiento, para ser acariciado y protegido como buen tonto que
soy.
Al menos eso pasa en mi
cumpleaños, en el único día en el que puedo aprovechar mi influencia termino por esconderme debajo de la cama con temor, viendo desfilar desde ahí a
aquellos que realmente me quieren, y dejando entrar por debajo a quienes estén dispuestos a compartir o soportar mi miedo, porque me aman.
Agradezco a todos los que han hecho todo por
mí, pero espero comprendan que expresar mi agradecimiento podría hacerme llorar, porque sencillamente me siento más vivo que nunca y no quiero que
me vean quebrantable, pero ya tendré trescientos sesenta y cuatro días para que
yo sin miedo y sin auto presión pueda demostrárselos, puedan darse cuenta lo
muy importante que son para mí y mi matrimonio con la vida porque son parte vital.
PS: Son los mejores labios que
existen.
