“A” le dice a “B” estar convencido que todo vale la pena, que el amor implica sacrificios. “A” insiste en aceptar y persuadir a “B” que llega un momento en la vida de las letras en la cual se deben tomar decisiones importantes en base a los infinitos factores que influyen en su realidad. “A” no se cansará en demostrarle a “B” que su relación tiene futuro, que es la apuesta que los llevará a conocer la felicidad y el verdadero significado de la vida. “B” no se ha convencido y “A” se jugará su última carta…
“A“: … ¡pero no amamos!
“B”: ¿Y qué…?
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