Es muy posible que el año 2010 sea un año inolvidable de mi vida, por un rollercoaster de cosas que han dado los más novedosos e intensos empujones en mi pecho, que hoy tomo en cuenta y asumo con total naturalidad. (Yo)
Tengo en cuenta hoy nuevamente que este espacio no es más que el medio para expresar lo que jamás dije, porque me es difícil hacerlo o porque no lo veo conveniente, sin embargo regalo mis candentes sentimientos traducidas en frías letras, con la finalidad de decirme a mí mismo…”Lo dije”.
Hoy siento la frustración de no poder mirar sus ojos y decirle lo muy feliz que me siento por haberla tenido a mi lado, hoy siento otra frustración de no poder mirar sus ojos y decirle lo muy triste que me siento porque no podré mirarlos más.
Me aqueja un remordimiento gigantesco cuando me cierro en la idea: “es imposible que pase algo, porque lo que tengo no se irá en corto plazo”, pero la vida hace añicos mi limitada sensación y me enseña que las cosas no siempre dependen de ti, y que muy pocas veces se te van de las manos.
Ese remordimiento no es más que el haber perdido oportunidades únicas en la VIDA, tan cercanas al cambio radical propuesto por el destino. ¿Mi destino?, quizá no, el de ella sí, parece que sí, su cortísimo destino dentro del globo azul se cumplió (eso creo), pero afectó al de muchas personas, afectó mi destino.
La idea de no querer que crezca era muy genial, tenerla como siempre la vimos, nos habría alegrado mucho, pero sabiamos que eso no se puede, al menos yo, no podía evitar que no crezca, entonces quería verla crecer, estaba dispuesto a compartir cada uno de los instantes que me habría puesto el destino con ella. Y ese sentimiento de disposición se fue, porque finalmente ella nos cumplió el deseo que no crecer nunca más.
Me encantaría poder decirlo todo en su carita de nemo, pero no existe medio que me haga sentir seguro que mi mensaje le ha llegado. Pero me aferro a lo intangible como posibilidad cerebral y sentimental de expresión, de encontrarle un significado y poner todo de mí en cada una de las oportunidades que me brinda el destino, en este caso mi destino.
Me aferro a esa intangibilidad porque hay otras que me llenan de felicidad, y que tendré como meta la eternidad (Yo) de las mismas, con gotas de entusiasmo, entraña, amor, error, pero basadas en las buenas intenciones de convivir con ellas.
Hoy encuentro en el vacío que has dejado en mi alma una deuda conmigo mismo, que será pagada por cada segundo con paciencia, fuerza y esperanza a las cosas que, jamás quise o creí encontrar a estas alturas de mi vida, pero que disfruto con sinceridad.
Hoy te soy sincero y digo que seguiré llorando por ti, pero que esos llantos, sin tristeza, no hacen más que empujar mi pecho para agrandar y entusiasmar la deuda que tengo conmigo, que me hace sentir vivo y seguir estándolo con las oportunidades tangibles e intangibles que, por sobre mí, sabré aprovechar.
Estrella Marina.
Tengo en cuenta hoy nuevamente que este espacio no es más que el medio para expresar lo que jamás dije, porque me es difícil hacerlo o porque no lo veo conveniente, sin embargo regalo mis candentes sentimientos traducidas en frías letras, con la finalidad de decirme a mí mismo…”Lo dije”.
Hoy siento la frustración de no poder mirar sus ojos y decirle lo muy feliz que me siento por haberla tenido a mi lado, hoy siento otra frustración de no poder mirar sus ojos y decirle lo muy triste que me siento porque no podré mirarlos más.
Me aqueja un remordimiento gigantesco cuando me cierro en la idea: “es imposible que pase algo, porque lo que tengo no se irá en corto plazo”, pero la vida hace añicos mi limitada sensación y me enseña que las cosas no siempre dependen de ti, y que muy pocas veces se te van de las manos.
Ese remordimiento no es más que el haber perdido oportunidades únicas en la VIDA, tan cercanas al cambio radical propuesto por el destino. ¿Mi destino?, quizá no, el de ella sí, parece que sí, su cortísimo destino dentro del globo azul se cumplió (eso creo), pero afectó al de muchas personas, afectó mi destino.
La idea de no querer que crezca era muy genial, tenerla como siempre la vimos, nos habría alegrado mucho, pero sabiamos que eso no se puede, al menos yo, no podía evitar que no crezca, entonces quería verla crecer, estaba dispuesto a compartir cada uno de los instantes que me habría puesto el destino con ella. Y ese sentimiento de disposición se fue, porque finalmente ella nos cumplió el deseo que no crecer nunca más.
Me encantaría poder decirlo todo en su carita de nemo, pero no existe medio que me haga sentir seguro que mi mensaje le ha llegado. Pero me aferro a lo intangible como posibilidad cerebral y sentimental de expresión, de encontrarle un significado y poner todo de mí en cada una de las oportunidades que me brinda el destino, en este caso mi destino.
Me aferro a esa intangibilidad porque hay otras que me llenan de felicidad, y que tendré como meta la eternidad (Yo) de las mismas, con gotas de entusiasmo, entraña, amor, error, pero basadas en las buenas intenciones de convivir con ellas.
Hoy encuentro en el vacío que has dejado en mi alma una deuda conmigo mismo, que será pagada por cada segundo con paciencia, fuerza y esperanza a las cosas que, jamás quise o creí encontrar a estas alturas de mi vida, pero que disfruto con sinceridad.
Hoy te soy sincero y digo que seguiré llorando por ti, pero que esos llantos, sin tristeza, no hacen más que empujar mi pecho para agrandar y entusiasmar la deuda que tengo conmigo, que me hace sentir vivo y seguir estándolo con las oportunidades tangibles e intangibles que, por sobre mí, sabré aprovechar.
Estrella Marina.
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