domingo, 8 de agosto de 2010

DE NUEVO INSOMNIO

Paso nuevamente por aquél estado donde mi cerebro decide irse a tomar un café con mi corazón, y pernoctan dentro de mi alma, para joderme la vida.

El licuado de sentimientos, arrepentimientos, calenturas, impulsos, especulaciones, preocupaciones y una variedad de palabras, endulzan y amargan el café, apunto de hostigar y bajarme la presión. Pensar en el cómo podré manejar esto, no hace más que complicar la situación y alegrar la actividad de mis egoístas órganos.

Mi solución son las pastillas, pero estoy advertido de no ingerirlas, y pensar que me lo advirtió otro órgano, el hígado… Vueltas y vueltas al mueble, acomodando al cojín, volteándolo, cubriendo todo mi cuerpo con la frazada, viendo la oscuridad a fin de ver algo sobrenatural para sentir miedo y dormir, además escuchar a mi celular, no servían de nada. Las vueltas y vueltas en el mueble inquietaban mi cuerpo, y acomodar el cojín, me hacía pensar en cuál era la manera perfecta de ubicarlo; cubrirme todo el cuerpo enfocaba mi mente en la forma de respirar; y cuando vi algo moverse de la nada, me despertaba la curiosidad; y la música era la peor idea…alguna vez escribí porqué.

Ya era cuatro de la mañana, y no sentía ni mierda de sueño, ya había recorrido todos los estados emocionales que alguien puede pasar en tan corto tiempo, deduje muchas cosas, que probablemente busquen mi ansiada tranquilidad, por sobre mi felicidad. Como por ejemplo acordarme que de ir a la universidad…y ya pues, pedir perdón a una persona…debería, hablar con otra…sobre ella, comer mis ganas con pan…nuevamente, comprar un libro…necesito uno, sentir que debo sentir para escribir algo.

No es muy grato no dormir, pues me agrada mucho, desde la comodidad de cualquier sitio, hasta las proyecciones de mi cerebro, esperaba dormir esta madrugada, lo necesitaba, estaba intranquilo, cansado, estresado, con aquellas ganas frecuentes de regresar a la fruta del cual broté, o al menos unos años antes o después.

Probablemente hay muchas personas que no me dejan estar tranquilo, y acepto por cada caso un alto grado de culpabilidad. Y pago mis deudas, pago con la oportunidad de dormir, con aquel estado que llega a mi ansiada tranquilidad

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