sábado, 17 de julio de 2010

A ... LA QUE SE FUE.

Trescientos cuerpos femeninos con la intención de querer trascender en mis decisiones, doscientas almas trascendentales sin la intención de influir en mí, pero sólo un cuerpo y alma femeninos con la intención de poder y querer verme mas que feliz, tranquilo.

Hablar de los momentos por el cual te sacaste la mierda por mí, recuerdan mi angosto baúl de emoción efímera, recóndita, apestosa y tierna de mi entraña sentimental. La necesidad de poder encontrar las piernas perfectas para acomodar mi cabeza, y pensar que todo lo que murmuras es lo que quiero, debo, bebo y puedo.

Caminar a pasos diferentes, sincronizados, exactos, enamorados y confundidos, a ritmo de la paz general cerebral, intercambiando anécdotas ideales, reales para conservar el ambiente tan de puta madre y poder navegar (Odio ésa palabra)en el complicado fluido de mi interior.

Palmear la necesidad de sentirme acompañado, con cuotas de anarquía, pereza e instinto. Golpear de manera justa mi felicidad, y lo que supone mi despegue de la realidad, acariciar mi mala suerte, que no es nada espinosa. Escupir mis deseos de una manera diferente, contigo cada realidad es aceptada y cada fantasía es vencida.

Aceptar también, que me reservo muchos sentimientos con otras personas, que la verdad, ellas no desencadenan ni un ápice de afecto completo en mí. Buscar la presencia, tu presencia, cuando se me antoja...es divertido, no encontrarla...me motiva, y tenerla...

Liberar contigo cada uno de mis deseos, aunque me complica, me llena de líquidos fantasmagóricos, emocionantes, cosas, sentimientos, conceptos, que sólo tú entenderías, y que de paso me los explicarías.

Y un montón de cosas más.

Esto va dedicado a la persona que supo aceptar mis emociones, y que yo los acepte también. A reconocer las cuestiones de mi cabeza, sin hacerme preguntas, sabía que bastaba con las mías; que supo aparecer repentinamente, con impacto, sin solución, pero con copas de tranquilidad, finalmente que supo hacer de mí y mi puto corazón, a un putito con corazón. Esto es para la amiga que se fue, que no estuvo, y que jamás llegó.

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