La gente muere ¿sabes? Muere y
muchas veces. No existe un rango temporal definido, pero muere a pesar de la
resistencia. La gente muere porque es una necesidad, porque es la naturaleza, y
todos poseemos la capacidad de morir más de una vez.
La gente muere, ya lo sabemos, y
resucita al instante, con el mismo cuerpo, con las mismas reglas, pero con
distinta vida. Abre los ojos y ve lo que nunca vio. Abre los ojos y deja de ver
lo que siempre vio.
He visto destellar pocas
resurrecciones de las que nunca he sido participe, y, aunque tonta la
afirmación, sólo he participado de las mías. No podemos ir contra la muerte,
menos escapar de ésta, tanto como la resurrección, ambas son inevitables.
Veo gente muriendo y gente muerta
también. Cadáveres en auto manejando al borde de la playa, o también en colectivos
de vuelta a casa. He visto incluso a los que se resisten a creer estar muertos,
aferrándose inútilmente a respirar esperanzas tan vacías como sus miradas.
El resto divisa cadáveres errantes,
ven un “alguna vez” cada vez más lejano y difuso. El resto percibe tu condición
de muerto con mucha facilidad, porque aunque mueras muchas veces, mueres, y
siempre para todos.
¿Miedo? ¿De morir?, si hay algo a
que temerle es a no morir bien o resucitar a medias. Es algo que pasará de
todas formas y más vale hacerlo bien, porque la resurrección resplandecerá si
la tregua de la vida y la muerte es radical
e invulnerable.
Si la tregua es superficial y
cobarde, a partir de ese momento toda sensación no será más que un remedo, tan
ridícula como aquellos que se resisten a morir. Cuando la vida es honesta y
atrevida ignora las muertes pasadas, y su despliegue es plenamente sublime,
hasta que toque morir de nuevo. 