Ayer fue el último día de Octubre, se fue volando con y como los otros meses, y no es de sorprender, estoy acostumbrado a que el tiempo vuele. Y justo de eso quiero escribir, de costumbre. Octubre ha sido en resumen el mes de costumbre.
De muy niño creía que esto forma parte de la vida, ya sea porque mi mamá oía a Rocío Durcal, o porque he sido incapaz de cambiar las cosas sencillas.
Recuerdo las veces que mi madre me obligaba a comprar ropa de mayor talla, pues estaba en pleno desarrollo y era mejor adelantarnos a mi crecimiento, y la ropa de hoy me quede mañana. Pueden creer que hasta ahora conservo esos pantalones, es más, todos me quedan sueltos. Bueno, siempre era incomodo tener que ponerme esa ropa, no era de mi agrado, pero llegué a acostumbrarme, digamos que aprendí nuevamente a caminar. Un día, creo que a los catorce años, tuve la oportunidad de escoger mi ropa, y no la desaproveché, me compré lo que quise y la llevé a un matrimonio, fue la que usé, estuvo fuera de foco, sentí las miradas extrañas que fueron incomodas al comienzo, pero un par de minutos después, me acostumbré a ellas y estuve tranquilo.
Éste octubre tuve que vestir terno nuevamente, la verdad no me hice mucho problema para hacerlo, me acostumbré rápido al traje, y puede que ya haya aceptado vestirlo, lo que podemos llamar una maduración al vestir.
También cuando era pequeño, recuerdo muy bien las veces que mi papá estaba cerca y reprimía mi personalidad… aun más. Aquellos tiempos sabía que él era mi padre y que me quería, pero jamás me inspiró confianza, es más, pensaba que me vería extraño, temía no agradarle, era como si el poco tiempo que pasábamos juntos yo prefería que no piense en mí a que piense mal de mí, pero me acostumbré a eso y tranquilo.
Luego entré a una edad en la cual los cambios de personalidad inquietan tu cabeza y no se puede reprimir, y bueno aunque fue complicado expresarlo, al tiempo pude hacerlo, y ahora aunque soy prudente, trato de decir lo que pienso a mi padre, aunque nunca concordemos. Me he acostumbrado y estoy tranquilo.
Siguiendo con mi niñez, la vez que tuve que soportar aprender la coreografía para un baile costumbrista. Era un alumno sumiso, casi imperceptible, me agradaba serlo, pues no pretendía hacer amigos, pero cuando me eligieron para bailar frente al público escolar, fue algo que me asustó. Por las tardes nos sacaban de clase para practicar, era la único bueno, en fin, me acostumbré a los entrenamientos y entonces llegó el gran día, llegué temprano y preparado, y nos tocó salir. Me hacía la pichi, no lo niego, pero mirar al piso me ayudó a olvidarme del resto, así que hice mecánicamente lo que ensayamos y terminar, estaba forzado y lo sabía, así que asimilé eso y terminé sin ningún problema y tranquilo.
Éste octubre tuve que acostumbrarme a hacer algo para el público, la diferencia está en que no fui elegido, sino que brota por naturaleza, claro que recibí ayuda para hacerlo, confianza, la necesitaba apoyo que alguien creyera en mí, y que yo lo haga también. Y por todo eso me alenté a ser lo que yo quiero y a hacer cosas para los demás. En octubre me acostumbré a creerme un escritor y estoy tranquilo.
De pequeño también hacía predicciones y me acostumbraba a mis decisiones, recuerdo el colegio, un día normal la profesora decía, voy a tomar examen justo la otra semana. En el lapso entre noticia y el examen me la pasaba pensando en lo que le diría a mis padres por haber jalado el examen, es increíble mi negatividad, eso se convirtió en una constante, aceptar que todo saldrá mal y pensar con anticipación cómo debo reaccionar a algo que no ocurre. Bueno siempre fui así y me acostumbré a eso.
Hoy es el último día de octubre y no he cambiado lo último, sigo pensando en qué decir cuando las cosas salgan mal, me acostumbré y estoy tranquilo. Es triste eso, pero tengo la esperanza que como en las otras oportunidades, aparezca un poco de locura que me permita estar tranquilo teniendo lo que me agradaría. Pero estoy tranquilo. <3.

De muy niño creía que esto forma parte de la vida, ya sea porque mi mamá oía a Rocío Durcal, o porque he sido incapaz de cambiar las cosas sencillas.
Recuerdo las veces que mi madre me obligaba a comprar ropa de mayor talla, pues estaba en pleno desarrollo y era mejor adelantarnos a mi crecimiento, y la ropa de hoy me quede mañana. Pueden creer que hasta ahora conservo esos pantalones, es más, todos me quedan sueltos. Bueno, siempre era incomodo tener que ponerme esa ropa, no era de mi agrado, pero llegué a acostumbrarme, digamos que aprendí nuevamente a caminar. Un día, creo que a los catorce años, tuve la oportunidad de escoger mi ropa, y no la desaproveché, me compré lo que quise y la llevé a un matrimonio, fue la que usé, estuvo fuera de foco, sentí las miradas extrañas que fueron incomodas al comienzo, pero un par de minutos después, me acostumbré a ellas y estuve tranquilo.
Éste octubre tuve que vestir terno nuevamente, la verdad no me hice mucho problema para hacerlo, me acostumbré rápido al traje, y puede que ya haya aceptado vestirlo, lo que podemos llamar una maduración al vestir.
También cuando era pequeño, recuerdo muy bien las veces que mi papá estaba cerca y reprimía mi personalidad… aun más. Aquellos tiempos sabía que él era mi padre y que me quería, pero jamás me inspiró confianza, es más, pensaba que me vería extraño, temía no agradarle, era como si el poco tiempo que pasábamos juntos yo prefería que no piense en mí a que piense mal de mí, pero me acostumbré a eso y tranquilo.
Luego entré a una edad en la cual los cambios de personalidad inquietan tu cabeza y no se puede reprimir, y bueno aunque fue complicado expresarlo, al tiempo pude hacerlo, y ahora aunque soy prudente, trato de decir lo que pienso a mi padre, aunque nunca concordemos. Me he acostumbrado y estoy tranquilo.
Siguiendo con mi niñez, la vez que tuve que soportar aprender la coreografía para un baile costumbrista. Era un alumno sumiso, casi imperceptible, me agradaba serlo, pues no pretendía hacer amigos, pero cuando me eligieron para bailar frente al público escolar, fue algo que me asustó. Por las tardes nos sacaban de clase para practicar, era la único bueno, en fin, me acostumbré a los entrenamientos y entonces llegó el gran día, llegué temprano y preparado, y nos tocó salir. Me hacía la pichi, no lo niego, pero mirar al piso me ayudó a olvidarme del resto, así que hice mecánicamente lo que ensayamos y terminar, estaba forzado y lo sabía, así que asimilé eso y terminé sin ningún problema y tranquilo.
Éste octubre tuve que acostumbrarme a hacer algo para el público, la diferencia está en que no fui elegido, sino que brota por naturaleza, claro que recibí ayuda para hacerlo, confianza, la necesitaba apoyo que alguien creyera en mí, y que yo lo haga también. Y por todo eso me alenté a ser lo que yo quiero y a hacer cosas para los demás. En octubre me acostumbré a creerme un escritor y estoy tranquilo.
De pequeño también hacía predicciones y me acostumbraba a mis decisiones, recuerdo el colegio, un día normal la profesora decía, voy a tomar examen justo la otra semana. En el lapso entre noticia y el examen me la pasaba pensando en lo que le diría a mis padres por haber jalado el examen, es increíble mi negatividad, eso se convirtió en una constante, aceptar que todo saldrá mal y pensar con anticipación cómo debo reaccionar a algo que no ocurre. Bueno siempre fui así y me acostumbré a eso.
Hoy es el último día de octubre y no he cambiado lo último, sigo pensando en qué decir cuando las cosas salgan mal, me acostumbré y estoy tranquilo. Es triste eso, pero tengo la esperanza que como en las otras oportunidades, aparezca un poco de locura que me permita estar tranquilo teniendo lo que me agradaría. Pero estoy tranquilo. <3.
