Veo a mi perro en un mejor estado, pasado tres días de su segundo desmayo. Recuerdo claramente verlo vomitar aquel liquido amarillento con puntos de sangre, sustancia que causo cierta preocupación, la cual no fue en vano, porque a los pocos minutos, lo vi junto a mi madre, retorcerse extrañamente, para luego entrar en caos, que gráficamente ubicaba a ella llorando a un lado y a mí tirado junto a él, intentando revivirlo. Mi esfuerzo tuvo sus frutos, o eso quiero creer, lo importante es que mi perro volvió en si.
Veo a la universidad cada vez peor, donde lo horrible es, la maldita sensación de estar involucrado más con ella. Verla diariamente me enferma. Hace poco vivía la bendita elección de la nueva dirección de escuela. Ver a alguien que lleva como estandartes sus grandes e indiscutibles logros profesionales, y su manera de ser tan egocéntrica, pedante, rencorosa e intransigente, intentar ser director, valiéndose de la victimización y la soberbia profesional, asquerosamente restregada en todos, por medio de mails. No hace más que producirme nausea. Sentir que mi tranquilidad académica no dependía de mí, sino de un vasto y heterogéneo grupo de estudiantes, preocupados por su tranquilidad, que en casos, difieren extremamente de la mía. Me llevó a la incertidumbre, pero gracias al divino, en éste caso, prevaleció mi deseo, por primera vez me sentí mayoría con la minoría, ya sea porque coincidimos en tranquilidad u otra cosa, el hecho es que no me importa, porque gané. Pero sé que alguna vez dependeré nuevamente de éste grupo, y lo más probable es que no gane, eso me produce nauseas.
Ver esa caja de bombones con rostros diferentes, con vidas diferentes, pero conocidas, y convivir diariamente con ellos es algo complicado; lidiar con las posturas predeterminadas para cada persona, por evitar conflictos, es un estrés total; es el agotamiento emocional y social, frecuente en mi persona, hace implosiones cerebrales, arregladas con dosis tranquilizantes de paciencia, hipocresía y sobre todo, risa. No sé si me hartaré, pero sé que todo esto me produce nauseas.
Ser testigo que dos paralelos muy importantes en tu vida se cruzan, y saber que ninguno de ellos es el tuyo, es algo curioso, poder explicar coherentemente, es fácil, pero mi fuerte es la incoherencia, por eso se me hace difícil creer que esto sucede. Paralelos que creía alejados, casi imposibles, por diferencias, por alejamiento, por que me esforcé que así sea, que lleguen a juntarse, es algo que marea, que me pone en la disyuntiva de poder determinar mi percepción incoherente, y mi emisión coherente. Eso me produce nauseas.
Hoy quiero vomitar con una fuerza asombrosa, girando 360 grados, y poder manchar a cada pared con la sustancia que merece, por color, por olor, por contenido.
Veo a la universidad cada vez peor, donde lo horrible es, la maldita sensación de estar involucrado más con ella. Verla diariamente me enferma. Hace poco vivía la bendita elección de la nueva dirección de escuela. Ver a alguien que lleva como estandartes sus grandes e indiscutibles logros profesionales, y su manera de ser tan egocéntrica, pedante, rencorosa e intransigente, intentar ser director, valiéndose de la victimización y la soberbia profesional, asquerosamente restregada en todos, por medio de mails. No hace más que producirme nausea. Sentir que mi tranquilidad académica no dependía de mí, sino de un vasto y heterogéneo grupo de estudiantes, preocupados por su tranquilidad, que en casos, difieren extremamente de la mía. Me llevó a la incertidumbre, pero gracias al divino, en éste caso, prevaleció mi deseo, por primera vez me sentí mayoría con la minoría, ya sea porque coincidimos en tranquilidad u otra cosa, el hecho es que no me importa, porque gané. Pero sé que alguna vez dependeré nuevamente de éste grupo, y lo más probable es que no gane, eso me produce nauseas.
Ver esa caja de bombones con rostros diferentes, con vidas diferentes, pero conocidas, y convivir diariamente con ellos es algo complicado; lidiar con las posturas predeterminadas para cada persona, por evitar conflictos, es un estrés total; es el agotamiento emocional y social, frecuente en mi persona, hace implosiones cerebrales, arregladas con dosis tranquilizantes de paciencia, hipocresía y sobre todo, risa. No sé si me hartaré, pero sé que todo esto me produce nauseas.
Ser testigo que dos paralelos muy importantes en tu vida se cruzan, y saber que ninguno de ellos es el tuyo, es algo curioso, poder explicar coherentemente, es fácil, pero mi fuerte es la incoherencia, por eso se me hace difícil creer que esto sucede. Paralelos que creía alejados, casi imposibles, por diferencias, por alejamiento, por que me esforcé que así sea, que lleguen a juntarse, es algo que marea, que me pone en la disyuntiva de poder determinar mi percepción incoherente, y mi emisión coherente. Eso me produce nauseas.
Hoy quiero vomitar con una fuerza asombrosa, girando 360 grados, y poder manchar a cada pared con la sustancia que merece, por color, por olor, por contenido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario