lunes, 31 de octubre de 2011

¿DÓNDE LO DEJÉ?

Mi sueño perenne de ser escritor - y con esto me refiero a la disciplina que invierte una persona para crear, elaborar, sufrir, obsesionarse con la inquietante idea de dominar un mundo paralelo no muy diferente al que padecemos - ha recorrido la senda de los maltratos, aplausos, risas, berrinches…y una infinidad de tratos ligados a la percepción estética y emocional que sugiere la felicidad y lo contrario (¿dadicilef?).
De niño sostenía un vínculo muy especial e inocente con mi locura, donde los días en que pasaba las tardes en mi patio, significaron el factor más importante en mi desarrollo como humano. Jugaba fútbol en compañía de mi pie izquierdo, o también con los juguetes (cómplices de mi locura), además andaba corriendo junto a mi Argos alrededor del gras, para luego lanzarme al piso y ser atacado por él con sus nobles mordidas.
Aunque eso no delata la máxima expresión de mi locura infantil, sí existía una costumbre que podría hacerlo. A muy temprana edad vivía emociones que; desde afuera suelen ser cotidianas y poco trascendentes, pero que desde adentro son intensas, justas y necesarias; eran manifiestas en soledad por medio de escritura.
Sea cualquiera la razón, una hoja en blanco ha sido punto de encuentro entre mis emociones abstractas y mis expresiones concretas, a través de tristes párrafos, enfermas frases, oraciones extrañas, cuentos incompletos, divertidas rimas, espontáneos dibujos y un aleatorio etcétera. Posteriormente envueltas en un papel, resultando una carta cuyo único destino era trasladar mis sentimientos al mundo exterior y luego desaparecer.
La desaparición de las cartas era motivo de una pequeña, y poco convencional, ceremonia. En el patio se encontraban unas maletas muy antiguas en moda y maltratadas por tiempo y clima, dentro de aquellas maletas (cada vez que no habitaba alguna rata) se veían algunos papeles y periódicos añejos e inservibles también, y la ceremonia consistía en ubicar mis cartas dentro de esas maletas, entre los escasos papeles, para luego coger un balde de agua y echar el contenido y más… hasta que la maleta esté completamente empapada y las letras o imágenes de mis cartas se degraden hasta combinarse con las de los papeles viejos.
Esta degradación era inevitable, se deshacía al mínimo contacto con mis pequeños dedos…sí, yo la terminaba por destruir. Aquella sensación era completa, similar a la satisfacción de haber cumplido, prolongado y fijado deseos esenciales, pequeños…pero siempre esenciales.
Esos fueron mis primeros trotes en la escritura, ya desde pequeño fabricaba realidades no muy lejanas, y como buen creador, procuraba arruinarlas para sentirme liberado, era un niño normal, y era normal hacer cosas como esas (Creo). Si lo hiciese ahora, ya adulto, terminaría por conseguir sentirme limitadamente omnipotente, realmente triste y completamente patético, por eso ya no busco maletas viejas para poner cartas y luego echarles agua.
Ahora escribo historias en hojas de Word, guardadas en una carpeta de nombre “Alguna vez”, que no mojaré nunca porque no quisiera causar cortos circuitos, pero no dejan de ser archivos que se acumulan al paso del tiempo, degradando sus letras y logrando confundirse entre sí.
Hoy escribo en el blog, letras que son de vez en cuando leídas, que nunca son determinantes porque simplemente no deberían serlo, pero que guardan la iniciativa de ser liberadora para el que las escribe. Pero sé que al paso del tiempo y del clima, van convirtiéndose en una biblia muy delgada y superficial, sin ninguna deidad que la avale, y sin ningún mensaje indeleble.
Y tanto como tantos, aparece la innegable pregunta: “¿dónde lo dejé?”…porque luego de la satisfacción de escribir, sin importar el destino (acuático, terrestre o virtual) de lo escrito… vuelvo a empezar.


viernes, 7 de octubre de 2011

“INEVITABLE” NI YO

“¿Describirme a mí mismo?, pero qué osada locura”. Pensamiento pertinente ante la proposición realizada, sinceramente nunca pienso en describirme a mí mismo, nunca con guiones, nunca directamente, nunca yo mismo.
Es posible que denote inconformismo con mi persona, odios, rencores, y creo que es normal, siempre, un soñador pretende más que su realidad, pues no me conformo con lo que soy y sé que puedo ser más, pero creo también en la naturaleza, que aunque podemos adaptarnos a un ambiente, es complicado cambiar aquello que Dios nos puso en los ojos.
Ser soñador no sólo implica ambición, ya que tiene doble filo, algunos de los soñadores más soñadores existentes, tienden a ser patéticos. El anhelo a ser alguien mejor seduce la idea de ser alguien bueno. (Mejor y bueno no son lo mismo)
Entonces queda claro que soy un soñador, ambicioso y patético…termino bien, termino mejor, y a veces hago el ridículo (Más que a veces).
¿Qué eres Jorge?
Soy divertido: Me burlo de mí mismo, eso hace reír a la gente.
Soy bueno: Involucro amor, sacrificio, obsesión y pasión a las cosas que me importan.
Soy sensible: Cada maldita letra que ven me duele en el alma.
Soy descuidado: Con las cosas que no me importan.
Soy un tonto: Si alguien debe serlo… soy yo.
Soy desinteresado: Me olvido del mundo y el mundo se olvida de mí.
Soy humano: Tan insignificante como tú.
Soy inteligente: No es un halago.
Soy sociable: Por desgracia.
Soy leal: Cuando estoy donde quiero estar.
Soy vengativo: Conmigo mismo.
Soy honesto y despiadado: Y miedozo.
¿Qué te gusta Jorge?
Que me sorprendan: Muero por lo inesperado.
Conversar: A muerte y paciencia.
La esencia del rock: Sin moda.
El café, las pastillas para dormir y el cigarro: Testifica mi hígado.
Escribir: Digo lo que quiero, escucho lo que anhelo, vivo lo que sueño.
A la frialdad epidérmica: Nunca el interior está más cálido.
Que me consientan: Me cansé de ver y criticar.
Morir por lo que vivo, con lo que vivo, aunque me lleve a la muerte, y viviré así hasta que me muera
¿Qué odias Jorge?
La palabra“egoísta”: Es una larga historia.
Que cueste tan poco lo que tanto me cuesta: Vivir
El nada que decir: Siempre lo hay...creo.
La intolerancia: Soy intolerante a los intolerantes.
La humildad y la soberbia: Son tan falsas y ridículas.
¿Qué sueñas Jorge?
Mil cosas: Para comenzar... todas.
¿A qué le temes?
A la decepción: Mía a quienes quiero, o de quienes quiero a mí.
Al mañana: Malo o bueno… no lo sé.
A la frialdad interna: Nunca el exterior está más frío.
A la rutina: Vivir para trabajar y no trabajar para vivir.
A hablar, hacer o vivir por las puras huevas: ¿Quién no?
A no distinguir: Palabras, emociones.
A tener razón: ¿Pesimista?
Al conformismo humano y el inconformismo social: Eso me describe muy bien.
Finalmente… ¿Quién eres?
Tengo la seguridad de saber quién soy, con el profundo temor de ser dominado completamente. Soy alguien que acepta las condiciones del mundo y de las personas con miles de preguntas y respuestas para elegir a las que me acerquen a la felicidad. Alguien que piensa que la felicidad sólo es posible de la piel para dentro, así que no hay nada material (La alimentación es interna) que me pueda satisfacer (La tranquilidad es de piel para afuera). Alguien que se ha matado por entender a la personas, pero que no ha conseguido nada. Que no es capaz de generar cambios prolongados, sólo efímeros como las risas. Alguien como el de abajo… en un mundo de mierda, muriendo por lo que vivía y amaba, por aquello que lo alejaba de ese mundo por un ratito… y que lo terminó de alejar para siempre porque era su destino.



«Sueña como si fueras a vivir para siempre. Vive como si fueras a morir hoy».