Ya cantaba Charlie García: “Solamente muero los domingos, y los lunes ya me siento bien”.
Siempre he creído al domingo el día más jodido de todos, donde cualquiera de los estados emocionales existentes se multiplica por diez, por ejemplo el aburrimiento (Mi caso) no es el mismo cuando es miércoles, u otro día de la semana, a cuando es domingo. (El aburrimiento un domingo por la tarde puede llevarme al suicidio… Ok, exagero).
Los domingos son una suerte de cansancio y aburrimiento. Cansancio ya sea porque tuve un sábado de diversión o trabajé duro durante la semana (La más escaza de las posibilidades); y de aburrimiento porque ese día el destino me pasa la cuenta por lo que viví en la semana. Como hoy, me resigno a extrañar lo que pasó durante la semana.
Hoy mi domingo ha sido terriblemente aburrido, para empezar desperté temprano cuando no debía hacerlo, pude tomarme la libertad de dormir bien, es un derecho universal despertar los domingos con la hora en dos dígitos y los minutos adormecidos, pero no fue así, no pude dormir mucho, tampoco el sueño que tuve era muy animado, sólo era yo sentado en una discoteca viendo como unos hombres hacían negocios ilegales en un rincón lo que me llevó a alejarme de ello poniéndome de pie sosteniéndome en algo, que resultó ser una fila de maniquíes, los cuales fueron cayendo uno a uno llamando la atención de la totalidad de personas presentes. Ya se imaginan el bochorno ilusorio que pude haber sentido en ese momento.
Mis ganas de dormir andaban encerradas dentro de mí en algún sitio, y debía liberarlo para poder sentirme más cómodo y descansado, y a pesar que encendí la televisión para ver el somnífero programa de Verónica Ayllón, justo en el momento en que ya estaba siendo poseído nuevamente por mi sueño…sonó mi celular (Gracias Movistar, saludos a su madres).
Me resigné a no dormir, así que luego del pertinente aseo mañanero y el desayuno, emprendo mi viaje al mundo mágico del internet. Lo primero que hice fue enviar un mensaje a mi novia, para hacerle saber indirectamente que yo andaba en línea y que me urgía una dosis de su personalidad para animar mi día. (¿Todo eso en un juazz?, dije indirectamente…)
Al rato ese mensaje dio sus frutos, quiero creer que sí, bueno, lo importante es que apareció y fue el único momento en este pestilente día en el cual compartí por medio de una ventana algo de diversión, ya sea pasando videos que habremos visto unas mil quinientas veces, o conversando para amenizar o aclarar cosas (Siempre resulta genial y oportuno departir con ella, más de lo que los dos podamos creer).
Lamentablemente lo genial no siempre es permanente, eso tuvo que terminar (Se iba a almorzar), así tuve que lidiar nuevamente con mi ingrata y aburrida compañía.
Almorcé a las cinco de la tarde, y fue la más trajinada actividad que tuve en el día, el resto de la tarde fueron efímeros vistazos y conceptos, donde vi un partido donde provocaba hacer un secuestro a los protagonistas. Me acordé de la inutilidad de la televisión peruana, donde pasea gente que tienen mucho que contar pero poco que decir y gente que tiene poco que contar y no dicen nada. (Aunque me alegró mucho saber que volverá Rosemary P.)
Hoy domingo extraño mucho el resto de días (Incluso otros domingos), y espero con ansias caerme muerto de sueño y despertar con un lunes que iniciará la esperanza de poder ver y hacer las pequeñas y grandes cosas que me hacen sentir vivo.
Anhelaré la mañana del lunes, porque al abrir mi pan me habré dado cuenta que, más que otro día… ese lunes no será domingo… ni mucho menos hoy día.
Siempre he creído al domingo el día más jodido de todos, donde cualquiera de los estados emocionales existentes se multiplica por diez, por ejemplo el aburrimiento (Mi caso) no es el mismo cuando es miércoles, u otro día de la semana, a cuando es domingo. (El aburrimiento un domingo por la tarde puede llevarme al suicidio… Ok, exagero).
Los domingos son una suerte de cansancio y aburrimiento. Cansancio ya sea porque tuve un sábado de diversión o trabajé duro durante la semana (La más escaza de las posibilidades); y de aburrimiento porque ese día el destino me pasa la cuenta por lo que viví en la semana. Como hoy, me resigno a extrañar lo que pasó durante la semana.
Hoy mi domingo ha sido terriblemente aburrido, para empezar desperté temprano cuando no debía hacerlo, pude tomarme la libertad de dormir bien, es un derecho universal despertar los domingos con la hora en dos dígitos y los minutos adormecidos, pero no fue así, no pude dormir mucho, tampoco el sueño que tuve era muy animado, sólo era yo sentado en una discoteca viendo como unos hombres hacían negocios ilegales en un rincón lo que me llevó a alejarme de ello poniéndome de pie sosteniéndome en algo, que resultó ser una fila de maniquíes, los cuales fueron cayendo uno a uno llamando la atención de la totalidad de personas presentes. Ya se imaginan el bochorno ilusorio que pude haber sentido en ese momento.
Mis ganas de dormir andaban encerradas dentro de mí en algún sitio, y debía liberarlo para poder sentirme más cómodo y descansado, y a pesar que encendí la televisión para ver el somnífero programa de Verónica Ayllón, justo en el momento en que ya estaba siendo poseído nuevamente por mi sueño…sonó mi celular (Gracias Movistar, saludos a su madres).
Me resigné a no dormir, así que luego del pertinente aseo mañanero y el desayuno, emprendo mi viaje al mundo mágico del internet. Lo primero que hice fue enviar un mensaje a mi novia, para hacerle saber indirectamente que yo andaba en línea y que me urgía una dosis de su personalidad para animar mi día. (¿Todo eso en un juazz?, dije indirectamente…)
Al rato ese mensaje dio sus frutos, quiero creer que sí, bueno, lo importante es que apareció y fue el único momento en este pestilente día en el cual compartí por medio de una ventana algo de diversión, ya sea pasando videos que habremos visto unas mil quinientas veces, o conversando para amenizar o aclarar cosas (Siempre resulta genial y oportuno departir con ella, más de lo que los dos podamos creer).
Lamentablemente lo genial no siempre es permanente, eso tuvo que terminar (Se iba a almorzar), así tuve que lidiar nuevamente con mi ingrata y aburrida compañía.
Almorcé a las cinco de la tarde, y fue la más trajinada actividad que tuve en el día, el resto de la tarde fueron efímeros vistazos y conceptos, donde vi un partido donde provocaba hacer un secuestro a los protagonistas. Me acordé de la inutilidad de la televisión peruana, donde pasea gente que tienen mucho que contar pero poco que decir y gente que tiene poco que contar y no dicen nada. (Aunque me alegró mucho saber que volverá Rosemary P.)
Hoy domingo extraño mucho el resto de días (Incluso otros domingos), y espero con ansias caerme muerto de sueño y despertar con un lunes que iniciará la esperanza de poder ver y hacer las pequeñas y grandes cosas que me hacen sentir vivo.
Anhelaré la mañana del lunes, porque al abrir mi pan me habré dado cuenta que, más que otro día… ese lunes no será domingo… ni mucho menos hoy día.