Cuando entré quise salir, cuando salí no quise volver, cuando volví quise salir, ahora ya salí y… desde el primer día estuve convencido que más allá del estorbo académico que implicaba ser un alumno, iba dispuesto a lidiar con las indigentes experiencias dentro y fuera del aula. Indigentes experiencias debido a su valor informal, espontáneo y sobre todo, cotidiano.
Aprendí mucho más con los profesores en silencio, el observar y reconocer a cada una de las personalidades que me rodeaban fue absolutamente inquietante, así que me tomé la molestia de indagar sobre cada de una de ellas.
Los conceptos son muchos, y de la única persona de la cual lanzaría uno es sobre mí mismo, soy un flojo y no describiré a uno por uno. Sin embargo, puedo decirles de manera general que hubo valores a destacar dentro del aula, la consideré y considero, el aula más variada y talentosa que me ha tocado compartir.
Un mosaico de culturas, comportamientos, ideologías, experiencias y etc. que muy al margen de iniciar los más impresionantes conflictos, ha aumentado el valor del aula, como una que jamás calló, que siempre sorprendió, que dejo con la boca abierta al resto, y que sin duda ha dejado un techo muy alto que será difícil de superar, y si es igualada o superada algún día, esta aula podrá darse el lujo de decir: “nosotros lo hicimos primero”
Quiero saludar a cada una de esas personalidades, sin excepción, y darle el reconocimiento de haber sido participes de esa aulita, y haber desencadenado una suerte de experiencias que quedarán en la memoria de quienes forman y no forman parte del aula.
Quiero agradecerle a cada uno de ustedes, que fuera de buena o mala, no hayan sido capaces de dejar una experiencia en mí, sino muchas.
Quiero agradecer a los personajillos que han compartido más que una tarea conmigo, y que a pesar de mi falta de memoria sumada a mi flojera, les doy el valor que se merecen desde la comodidad de mi silla. Aunque no las lleve en el alma ni el corazón por siempre, sé que muy al margen de mí, seguirán siendo las especiales personas que fueron, y eso es lo que vale.
Espero no verlos nunca en la cola de algún puesto de trabajo, ni menos tan seguido en cualquier parte, sólo espero que cada uno de ustedes termine haciendo eso que, más que darles para vivir, los haga sentir vivos.
Eso es todo creo, atrás quedaron la experiencias, en algunos quedarán las nostalgias, y en pocos las ganas de volver, en mí…quedará por siempre la flojera, y como dijo Churchill, este no es más que el fin de nuestro principio.
Así que fin, espero verlos dentro mil años, así tener un poco más para contar.
Aprendí mucho más con los profesores en silencio, el observar y reconocer a cada una de las personalidades que me rodeaban fue absolutamente inquietante, así que me tomé la molestia de indagar sobre cada de una de ellas.
Los conceptos son muchos, y de la única persona de la cual lanzaría uno es sobre mí mismo, soy un flojo y no describiré a uno por uno. Sin embargo, puedo decirles de manera general que hubo valores a destacar dentro del aula, la consideré y considero, el aula más variada y talentosa que me ha tocado compartir.
Un mosaico de culturas, comportamientos, ideologías, experiencias y etc. que muy al margen de iniciar los más impresionantes conflictos, ha aumentado el valor del aula, como una que jamás calló, que siempre sorprendió, que dejo con la boca abierta al resto, y que sin duda ha dejado un techo muy alto que será difícil de superar, y si es igualada o superada algún día, esta aula podrá darse el lujo de decir: “nosotros lo hicimos primero”
Quiero saludar a cada una de esas personalidades, sin excepción, y darle el reconocimiento de haber sido participes de esa aulita, y haber desencadenado una suerte de experiencias que quedarán en la memoria de quienes forman y no forman parte del aula.
Quiero agradecerle a cada uno de ustedes, que fuera de buena o mala, no hayan sido capaces de dejar una experiencia en mí, sino muchas.
Quiero agradecer a los personajillos que han compartido más que una tarea conmigo, y que a pesar de mi falta de memoria sumada a mi flojera, les doy el valor que se merecen desde la comodidad de mi silla. Aunque no las lleve en el alma ni el corazón por siempre, sé que muy al margen de mí, seguirán siendo las especiales personas que fueron, y eso es lo que vale.
Espero no verlos nunca en la cola de algún puesto de trabajo, ni menos tan seguido en cualquier parte, sólo espero que cada uno de ustedes termine haciendo eso que, más que darles para vivir, los haga sentir vivos.
Eso es todo creo, atrás quedaron la experiencias, en algunos quedarán las nostalgias, y en pocos las ganas de volver, en mí…quedará por siempre la flojera, y como dijo Churchill, este no es más que el fin de nuestro principio.
Así que fin, espero verlos dentro mil años, así tener un poco más para contar.